Resultados de cierre del proyecto ANID-Fondecyt Regular N° 1231643 (2023-2025).
Investigador responsable: Dr. Félix Rojo-Mendoza, Departamento de Sociología, Ciencia Política y Administración Pública, Universidad Católica de Temuco. Contacto: frojo@uct.cl
Parcelas de agrado en el entorno rural del sur de Chile. Fotografía del equipo del proyecto.
El proyecto Fondecyt Regular N° 1231643, “Al campo me voy: principios de elección residencial e identidad de clases medias en áreas rurales al sur de Chile”, se desarrolló entre 2023 y 2025 en las regiones de La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos. En sus distintas etapas participó un equipo de varias personas, investigadores, profesionales y estudiantes, que colaboraron en el análisis de datos censales, el trabajo de campo, las entrevistas y la sistematización de resultados.
En las últimas décadas, un número creciente de personas ha dejado las ciudades para instalarse en zonas rurales del sur de Chile. El proyecto buscó comprender quiénes protagonizan este movimiento, por qué lo hacen y cómo transforman el territorio al que llegan. Su foco estuvo puesto en las clases medias, atendiendo a que no constituyen un grupo homogéneo, sino que incluyen fracciones con distintos niveles de recursos, trayectorias y formas de habitar el campo.
Para responder estas preguntas, el estudio combinó dos aproximaciones: un análisis de los Censos de Población y Vivienda de 1992, 2002 y 2017, que permitió dimensionar y localizar el fenómeno, y un trabajo cualitativo basado en 84 entrevistas a personas que migraron desde la ciudad al campo en comunas como Villarrica, Pucón, San José de la Mariquina, y Puerto Varas), entre otras.
El análisis censal confirmó que, si bien la población rural del sur ha disminuido en términos generales, algunas comunas han crecido gracias a la llegada de personas provenientes de las ciudades. Destacan las capitales regionales, Valdivia, Temuco y Puerto Montt, junto con comunas como Padre Las Casas, Villarrica, Puerto Varas y Pucón, esta última como caso singular de una comuna predominantemente rural con un crecimiento relevante.
Quienes llegan tienen un perfil distinto al de la población rural tradicional: son más jóvenes, con mayor escolaridad y mayor inserción en el sector servicios, y menor participación en actividades agrícolas. Este perfil es coherente con procesos de gentrificación rural descritos en la literatura internacional. El análisis también permitió distinguir dos patrones de desplazamiento: migraciones de larga distancia, principalmente desde la Región Metropolitana hacia zonas lacustres y precordilleranas, y migraciones de corta distancia al interior de cada región, con origen en las capitales regionales.
Flujos migratorios de origen urbano hacia las diez comunas que más migrantes recibieron en cada censo (1992, 2002 y 2017), según región de origen. Elaboración propia a partir de los Censos de Población y Vivienda. Fuente: Rojo-Mendoza et al., 2025.
Las entrevistas revelaron que, detrás de un mismo movimiento hacia el campo, conviven motivaciones y experiencias muy distintas según la fracción de clase media. La seguridad aparece como una preocupación transversal, pero el sentido del traslado difiere entre grupos.
Para las clases medias emergentes, con mayor capital cultural, llegar al campo suele ser la concreción de un proyecto de vida largamente pensado, en muchos casos asociado a experiencias previas en estos territorios. Valoran intensamente el paisaje (volcanes, bosque nativo, lagos) y tienden a intervenir el entorno de manera mínima, buscando preservar lo que perciben como un lugar natural y excepcional.
Para las clases medias bajas, en cambio, el traslado responde con más frecuencia a circunstancias que empujan a salir de la ciudad, como la inseguridad o las dificultades de acceso a la vivienda. Su relación con el paisaje es más funcional: valoran la tranquilidad y el verdor, pero a la vez demandan acercar al campo comodidades urbanas (iluminación, mejores caminos, transporte, conectividad y comercio) que faciliten la vida cotidiana.
Una de las contribuciones importantes del proyecto fue mostrar que la diversidad interna de las clases medias no es solo una cuestión de composición social, sino que se traduce en dos formas opuestas de habitar y transformar el campo: una orientada a la conservación del paisaje y otra orientada a su urbanización. Contra lo que podría esperarse, es la fracción con menos recursos la que exhibe el mayor potencial de transformación del espacio rural, al demandar e introducir elementos propios de la ciudad.
Estos resultados tienen implicancias directas para la planificación territorial. Anticipar que distintos perfiles de nuevos residentes imprimirán trayectorias divergentes a los paisajes del sur permite diseñar instrumentos diferenciados, atentos tanto a la presión por preservar —que puede encarecer el suelo y excluir a los habitantes tradicionales— como a la demanda por urbanizar, que tensiona la provisión de servicios e infraestructura en zonas rurales. En un contexto de rápida expansión de las parcelas de agrado, comprender quién migra, por qué y con qué disposiciones resulta clave para una gestión del territorio que no reproduzca en el campo las desigualdades de la ciudad.